SUTIL
RADIOGRAFÍA DEL SIGLO XXI.
Tras
enfrentarme a un segundo visitando de éste film de Michael Haneke,
se me vienen a la mente otros del mismo director como Funny
Games, con el que guarda cierto paralelismo, como pueda ser
el tema del acoso a la familia que protagoniza la historia. En cuanto
a la forma en que en ésta película se nos muestra el acoso,
mediante cintas de vídeo que muestran el exterior de la casa en que
los personajes habitan, recuerdo la fantástica Carretera
Perdida de David Lynch, donde también reciben vídeos, solo
que en la cinta norteamericana en los vídeos que reciben los
protagonistas se muestra el interior de su casa, por la noche,
sugiriendo una invasión a la privacidad de esas personas, envuelta
en un aura de misterio y con una atmósfera oscura y perturbadora.
En
el caso de Caché, el tinte perturbador lo ponen los
dibujos que acompañan a las cintas anónimas, y por contraposición
a la cinta “lynchiana”, esta película de Haneke carece,
aparentemente, de esa oscuridad; no obstante, el realismo de que hace
gala el film es el que nos hace partícipes de la oscuridad, el lado
oscuro del ser humano. Por otra parte, y tomando ahora como
referencia los vídeos que envían a los personajes protagonistas,
con ellos el director realiza un juego de confusión, como sucede con
el inicio de la película en la que vemos un larguísimo plano fijo,
en el que aparecen los créditos iniciales de la película, que una
vez terminados dejan paso a la totalidad de ese plano fijo general;
solamente nos percatamos de que algo no encaja cuando escuchamos unas
voces en off que hablan y ruido de fondo, que junto al rebobinado de
la imagen, haciéndonos ver que se trata de un “vídeo dentro de la
película”.
Haneke
rueda esta película en Alta Definición, sin artificios en su
tratamiento de la imagen, así como tampoco en el montaje, haciendo
gala de larguísimos planos estáticos o en movimiento. Pone en la
boca de sus personajes diálogos de una gran naturalidad, y logra
involucrar al espectador, mostrándole un film que por su naturalismo
nos resulta más veraz. Dentro del mismo los temas que se tratan
establecen un certero reflejo de la situación que vivimos en pleno
siglo XXI, la invasión a la privacidad, la falsa realidad que los
medios de comunicación nos venden a diario, el racismo, la
desmemorización, la venganza…
La
invasión a la privacidad se refleja en los vídeos anónimos y los
dibujos que los acompañan, que son depositados en la puerta del
domicilio de la familia protagonista, que tras recibir varias cintas
se percatan de que los están vigilando, desconociendo el motivo de
ello. A continuación, la falsa realidad que nos venden los medios de
comunicación se nos muestra de varias formas, todas ligadas al
ámbito televisivo; primero con los vídeos anónimos, ya que, en
principio, desconocen quién los ha grabado y por qué; en segundo
lugar, en una escena la pareja protagonista tiene puesto otro de los
vídeos que han recibido y Georges lo quita, poniendo las noticias,
su mujer, Anne, le pregunta por qué lo ha cambiado y él le responde
“¿Qué más quieres ver?”, creo que esta frase traduce
perfectamente el carácter dudoso de los medios de comunicación que
hemos comentado; en tercer lugar, el padre de familia es presentador
de un programa de televisión, en un par de ocasiones le vemos en el
trabajo, donde parece gozar de cierto prestigio, lo cual se
contrapone con la imagen privada del mismo, es alguien que siente
miedo conforme la historia avanza, pierde los nervios y se encuentra
en jaque y sin saber qué hacer ante la situación que se le ha
presentado.
El
tema del racismo es otro factor, que a mi juicio, debemos tener en
cuenta al enfrentarnos a esta obra. Una vez se descubre quién está
detrás de las grabaciones, vemos que se trata de un hombre argelino,
que vive con su hijo. Éste hombre conoce a Georges desde la infancia
pues era hijo de los empleados argelinos que trabajaban para los
padres de Georges, los cuales murieron dejando al pequeño en
soledad; a éste respecto, Georges pidió a sus padres que no
adoptaran al crío. Por otra parte, cuando el matrimonio protagonista
sale de comisaría, el personaje de Auteuil tiene un pequeño roce
con un chaval de raza negra que iba en bicicleta y que casi le
arrolla. Mi pregunta es la siguiente, ¿habría el personaje
reaccionado de distinta forma con los otros dos, de no haber sido
personas pertenecientes a otras razas? Puede que sí, puede que no.
Con la introducción de Majid, el hombre argelino, tenemos que
establecer también la relación con el tema del olvido y la
“des-memorización”, ya que Georges no recordaba al principio ese
episodio de su vida con la familia argelina, o al menos es lo que
dice. También debemos enlazarlo con la venganza, pues este acoso a
la familia Laurent por parte del personaje argelino, nos hace ver
eso. No obstante, la venganza es un mero vehículo aquí para mostrar
un problema que aqueja a la sociedad en general, la falta de empatía,
una falta de empatía que se muestra de manera de bidireccional.
Ante
esto que comentamos surgirá una pregunta, la cual es completamente
normal una visto el film: ¿Quién grabó los vídeos Majid o su
hijo? Pregunta que Haneke no quiere respondernos, puesto que quien
grabase los vídeos carece de importancia, es solamente un vehículo
mediante el que mostrar los verdaderos problemas que se critican en
la película, involucrando de esta manera de forma directa a los
espectadores e invitándoles a la reflexión, haciendo, además otro
ejercicio para que los espectadores se involucren más, si es eso
posible, mediante la aparente confusión de no saber en ocasiones qué
forma parte de la película de Haneke y qué forma parte de los
vídeos que reciben la familia Laurent, para que sea el público el
que descodifique lo que está viendo. Para mostrar esto Michael
Haneke se salta el conocido MRI, haciendo un ejercicio de estilo
completamente contrario desde la estructura de la película, pasando
por la estética, la ausencia de música, la fotografía, etc., forma
de realizar su obra que se muestra en armonía con su filmografía,
viendo claros ejemplos de ello en la anteriormente mencionada Funny
Games, en Código Desconocido o en 71
Fragmentos de una Cronología del Azar, solamente por nombrar
algunas dentro de su filmografía. Y es que los personajes de Caché
se mueven en un terreno muy común en la actualidad, el de la
apariencia, razón por la que Georges recrimina a su mujer cuando
ésta saca a relucir el tema de las cintas de vídeo durante el
transcurso de la cena con sus amigos; apariencia también de Anne no
quedándonos muy claro si mantiene un idilio con Pierre, tal y como
sospecha el hijo de ésta, Pierrot; la apariencia de Georges, su
imagen ante las cámaras de televisión como alguien digno de
admiración que choca por completo con su imagen en la privacidad,
presa del miedo, y habiendo protagonizado hechos de dudosa moralidad.
En
definitiva, nos encontramos ante una película diferente, que
trastoca el conocido Método de Representación Internacional, donde
aquello que percibimos como la historia que se nos muestra en primer
término puede resumirse en pocas palabras, mientras que su fondo se
encuentra repleto de críticas y alusiones a problemas que atañen a
la sociedad contemporánea; una película que lo que muestra no es
para nada gratuito, al contrario, para involucrar al espectador, para
que éste reflexione sobre lo que ha visto, de una forma que
solamente Haneke puede hacerlo, mostrándonos personajes inmersos en
situaciones que bien podríamos vivir cualquiera, por ello no nos
extraña que se alzara con el premio al Mejor Director en el Festival
de Cannes por esta película.
Título
original: Caché
Año:
2005
Director:
Michael Haneke
Guión:
Michael Haneke
Música:
Varios
Fotografía:
Christian Berger
Reparto:
Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot,
Lester Makendonsky
Productora:
Coproducción Francia-Austria-Alemania-Italia; Les Films du
Losange/Wega Film/Bavaria Film/BIM Distribuzione

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